Blog de Psicología Organizacional y Recursos Humanos.

28 de octubre de 2007

La dirección estratégica se logra con los recursos humanos

Cuando un empresario siente la necesidad impostergable de enfrentarse a nuevos y mejores productos o servicios resulta evidente su deseo de realizar cambios en la entidad y que esos, a su vez, le permitan aprovechar las oportunidades que puedan presentársele.



Para iniciar esta gestión de cambio se hace necesario un liderazgo, ya sea porque fue promotor de esa idea o porque al conocerla se identificó con esa, se la apropió y decidió adoptar acciones que le permitieran conducir a la empresa por el camino propuesto.


Para realizar la idea, se requiere emplear determinados recursos, como son personas, tiempo y dinero. Lo más significativo es que, conociéndose que este proceso es inevitable para la supervivencia y el desarrollo de las entidades, resulta mínima la cantidad de esas que presupuestan estos procesos, en cuanto a los recursos necesarios para realizar el cambio.


Generalmente, la mayoría de los cambios sorprende a los empresarios quienes, en ese momento, deben ocuparse de los recursos requeridos. Cuando se habla de personas y tiempo, se hace referencia a dinero, por lo cual se debe añadir una asignación en recursos financieros para la formación y la consultoría relacionadas con el cambio.


CONSOLIDAR LOS PUNTOS FUERTES Y FORTALECER lOS DEBILES

Para que la dirección de una empresa sea considerada capaz debe conocer sus puntos fuertes y débiles en la estructura organizativa, la calidad y los precios de sus productos, los estilos de liderazgo, las tecnologías, el personal con quien trabaja, el posicionamiento en el mercado, la imagen de la empresa y el estado de las finanzas, entre otras, tal como plantean autores como Salvador García y Simón Dolan.


El fracaso de estos empeños, en su mayoría, son ocasionados por incoherencias de la alta dirección de la entidad, al obviar criterios de, al menos, sus más importantes colaboradores.


Cuando el sistema participativo impera en la empresa, son más los aciertos que los errores.


Está demostrado, que la mayoría de los intentos de cambios fracasan por carecer de una intención meditada y consciente y, por supuesto, de un plan sistematizado, que requiere abordar cambios culturales, creyendo superficialmente que se producirán por el peso propio de las nuevas circunstancias.


Para lograr un resultado exitoso, los cambios estratégicos, desde que nacen, deben fundamentarse en la transformación de los individuos, quienes deben asumirlos libremente y se materialice el objetivo de aumentar la satisfacción del cliente e incrementar las ventas y los beneficios.


Resulta de gran importancia tener en cuenta los elementos anteriores para que la empresa logre proyectar una visión de futuro, lo cual redundará sustancialmente en resultados cualitativa y cuantitativamente superiores. Sin dudas, este es el verdadero sentido del esfuerzo de cambio.


Según sea la distancia existente entre la situación real y la visión estratégica, mayor será el salto a realizar y, por tanto, mayor será el cambio a propiciar, tanto desde el punto de vista de la adaptación como el de la transformación profunda.


MANTENER O VARIAR EL RUMBO

Los valores constituyen los cimientos de un verdadero liderazgo en una empresa y la legitimación del cambio requiere desarrollar una arquitectura estratégica que posibilite acertar o no en los objetivos a alcanzar.


Las turbulencias del entorno comercial internacional, los avances tecnológicos y la inestabilidad política mundial, entre otros, hacen que prácticamente sea imposible planificar con mediana exactitud, lo que realmente hará una empresa a largo plazo.
Por tanto, los talentos de la entidad deben trabajar proyectos que permitan encauzar el proceso hacia futuros éxitos, basados en la mejoría continua de los valores organizacionales necesarios.


Sin lugar a dudas, una empresa puede desconocer qué ocurrirá a ciencia cierta en su entorno en el plazo de cinco años, pero debe saber el esfuerzo que se requiere para lograr ser los mejores del sector en cuando a calidad, confianza en sí mismos y creatividad para actuar con la mayor rapidez ante los requerimientos del cliente.

Otro aspecto importante lo constituye el dominio de cómo reducir costos, trabajando siempre con la flexibilidad necesaria para cambiar el rumbo sin traumas y ser los primeros en lograrlo.



RECONOCER LOS VALORES HUMANOS

Es frecuente que la dirección estratégica de una empresa y la gestión de los recursos humanos se encuentren distantes unos de otros.


Un directivo empresarial debe procurar el alto rendimiento cotidiano de sus colaboradores, sea cual sea el tamaño de la entidad y el sector al cual pertenece.

Para lograrlo debe saber, entre otras cosas, cómo manejar los valores en el accionar de cada día, pues la credibilidad en el liderazgo y la confianza mutua constituyen elementos esenciales para el buen funcionamiento de cualquier entidad.


Es necesario aprovechar toda oportunidad que se presente, para demostrar que hay coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.


El elemento más crítico para lograr el éxito empresarial es, precisamente, la coherencia entre lo que piensan y lo que hacen a lo largo del proceso.



LA IMPORTANCIA DE LA MOTIVACIÓN
En muchas ocasiones se dice que los trabajadores están desanimados o desmoralizados, como si no existieran motivaciones anímicas o morales para que cada quien trabaje con su máximo rendimiento.


Los documentos de muchas empresas tienden a ser excesivamente técnicos y desprovistos de ideas que transmitan moral y sentido para lograr el esfuerzo máximo en el rendimiento de sus empleados.


No podemos olvidar la estimulación moral, pues los trabajadores necesitan que se les reconozca en alguna forma y muchas veces los dirigentes desconocen que esa es una de sus funciones.


LE RECOMIENDO:

No olvidar, que personas, tiempo y dinero permiten lograr cambios positivos.
Consolidar los puntos fuertes y fortalecer los puntos débiles de la entidad.

Conocer que detrás de un fracaso en la gestión empresarial hay un rastro de inactividad.
Las previsiones son necesarias para mantener o variar el rumbo.

Calcular bien la distancia entre el estado actual y el estado deseado para la entidad facilita el recorrido.

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