Blog de Psicología Organizacional y Recursos Humanos.

19 de abril de 2009

La fuga de talento


Una de las cuestiones más apremiantes en el mundo empresarial es la lucha por el talento. Los países desarrollados se alejan de las industrias tradicionales hacia sectores que exigen niveles de capacitación más elevados, y eso ha intensificado su demanda de talento. Al encarnizarse la "guerra" por el talento limitado, los países desarrollados se enfrentan a un triple desafío: el aumento del nivel del capital humano autóctono mediante la mejora de la educación, la contención de la "fuga de cerebros" de trabajadores capacitados hacia otros países y la concepción de políticas de inmigración que atraigan al talento foráneo.


Las cifras de la OCDE muestran que los países de la UE pierden, de media, un 3% de población con alto nivel de formación cada año, principalmente hacia Estados Unidos, Canadá, Suiza y Australia. ¿Por qué se fuga el talento? Entre las explicaciones figuran el menor salario que reciben en el país de origen, la rigidez del mercado laboral y una carencia de oportunidades de trabajo por la baja productividad, el escaso capital riesgo, la especialización en sectores con un bajo nivel tecnológico y la falta de universidades de prestigio. Todos estos problemas se pueden corregir, al menos en parte, para conseguir que los países desarrollados retengan el talento y atraigan a inmigrantes cualificados.


España padece, al mismo tiempo, una elevada tasa de desempleo, una de las mayores tasas de inmigración de Europa y escasez de trabajadores cualificados. Además de que no consigue atraer a inmigrantes cualificados, también sufre una "fuga de cerebros" de los nativos formados. Y ello se produce por el mercado laboral dual existente, que se divide entre los "nativos" privilegiados y los jóvenes, las mujeres y los inmigrantes que consiguen trabajos precarios y peor pagados. En torno al 90% de los nuevos contratos creados es temporal, lo que supone una fuente de frustración para los jóvenes cualificados. Los sueldos todavía están relativamente comprimidos y los niveles salariales, en conjunto, son bajos si se comparan con otros países desarrollados.


Un estudio de la OCDE muestra que la tasa interna de rentabilidad (TIR) con respecto a la educación superior en España era la más baja entre los países desarrollados. Además, España se sigue especializando en muchos sectores tradicionales con una capacitación y un contenido tecnológico bajos, lo que no atrae a trabajadores formados. Otro problema lo plantea la disponibilidad de capital para empresas de nueva creación.


A pesar de estos factores negativos, España recibe suficientes inmigrantes cualificados desde otros países pertenecientes a la OCDE como para compensar sobradamente el talento nativo que se escapa.


Los problemas más desalentadores del país están en el desarrollo de sus propios trabajadores cualificados. El porcentaje de jóvenes de 22 años que han completado los estudios universitarios se ha estancado en el 14% y la proporción de los que terminan la Educación Secundaria Obligatoria se está reduciendo. De hecho, España tiene la tasa de abandono escolar más alta de la OCDE. Aún más importante: las universidades españolas (y europeas) no tienen una calidad reconocida a escala internacional que les permita atraer y retener talento. El ranking web de World Universities no incluye a ninguna institución española entre las 200 primeras. De las 50 primeras, 42 son estadounidenses, dos son británicas y Canadá, Suiza, Finlandia y Australia cuentan con una. La creación de excelentes universidades puede ser el reto más importante al que se enfrenta España mientras se esfuerza por conservar a sus ciudadanos más cualificados.


¿Cómo se puede ganar la guerra por el talento? La creación de unas instituciones universitarias excelentes deberá estar en lo más alto de la lista. Los legisladores habrán de ser prudentes respecto a los factores que podrían provocar una "fuga de cerebros": impuestos elevados, niveles salariales comprimidos y mercados laborales rígidos. A un nivel más profundo, una mayor productividad elevaría los ingresos medios y respaldaría la vuelta a la educación, atrayendo a talentos nativos y foráneos. Las políticas que estimulan la productividad son estructurales, y a largo plazo, la incentivación de la educación, la I+D y el apoyo a las universidades, la promoción de la competitividad en mercados internos, la racionalización de la regulación local y la concesión de beneficios fiscales para la inversión, entre otras. El ránking del Banco Mundial sobre la facilidad para hacer negocios muestra que algunos de los países que retienen el talento tienen las instituciones más "favorables para los negocios". España ocupa la 49 posición en él.


Está claro que no existe un enfoque simple para ganar la guerra por el talento. Sin embargo, si los países pretenden detener la fuga de cerebros, los elementos citados tienen que incorporarse al debate político. En el índice de Talento Global generado por Heidrick & Struggles y The Economist Intelligence Unit, el país con mayor potencial para atraer talento ahora y en 2012 es Estados Unidos. España ocupa la plaza 12 en las dos fechas, por detrás de India y China y justo por delante de Malasia. Lograr subir puestos en esta lista debe ser una prioridad para los políticos.


Gayle Allard es vicedecana de investigación de IE Business School y vicerectora de investigación de IE Universidad.

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