Blog de Psicología Organizacional y Recursos Humanos.

5 de noviembre de 2009

El coaching ayuda al trabajador a crear su futuro y descubrir ideas


Generalmente, suele marcarse diferencias entre lo personal, lo profesional y lo empresarial. Se trata de tres aspectos que una misma persona puede asumir en distintos momentos del día. Mientras se está en casa, ese individuo trata de volcarse a satisfacer las necesidades afectivas de su familia. Luego va al trabajo y busca posicionarse profesionales. Y, en definitiva, todos tratan de "vender" una imagen empresarial. Pero, ¿cómo puede mejorarse esas tres facetas sin dividirlas? Marta Martínez, directora en Tucumán de la consultora Cocrear, explica que el coaching ontológico puede contribuir a alcanzar esa mesa.

¿Qué es esa disciplina? Según el experto y consultor internacional Leonardo Wolk, "es el arte de soplar brasas". Es un proceso de acompañamiento y aprendizaje, que realizan juntos un profesional coach y un consultante, el coachee. "Surge como una demanda del consultante, quien se plantea el alcance de ciertos objetivos que hasta el momento no ha podido lograr", añade Martínez.

¿Por qué Wolk llama a esta disciplina, el arte de soplar brasas? "Porque en coaching ontológico se parte de la concepción de que cada persona cuenta con una gran capacidad para crear su futuro y solo necesita descubrir los pensamientos y emociones limitantes que se lo están impidiendo", responde la directora de la consultora.


Respuestas internas

El coach, acompañara en este camino a través de "preguntas poderosas", permitiéndole así, encontrar sus propias respuestas, aquellas que lo habiliten a descubrir nuevos pensamientos y nuevas acciones. En coaching, no hay sugerencias, ni respuestas del entrenador, solo preguntas que facilitan un cambio profundo del "ser" del coachee. Esta disciplina permite dar sentido a la propia existencia, alcanzar aquellos sueños postergados y sobre todo, "descubrirse profundamente".

Como disciplina cuenta con un cuerpo teórico y técnicas precisas que sostienen tres principios básicos: confianza, confidencialidad y respeto. Tal es su eficacia, que habiendo nacido en el mundo deportivo, rápidamente ha sido adoptado en el ámbito empresarial y personal, dice Martínez.

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