Blog de Psicología Organizacional y Recursos Humanos.

18 de mayo de 2012

Responsables de encajar todas las piezas de la empresa

Velar por los derechos de los trabajadores y por el cumplimiento de sus obligaciones, saber escuchar, tener empatía con los empleados más allá de su condición de trabajadores o comprender el impacto de su conducta sobre los demás, son algunas de las habilidades que debe tener un profesional de las Relaciones Laborales. 

Porque todas estas cualidades pueden marcar la diferencia en la forma en que transcurre el día a día de una empresa y en el modo en que ésta crece y evoluciona. La función que desarrolla este colectivo profesional es importante hasta este nivel porque sobre él recae la responsabilidad de hacer encajar todas las piezas que componen una compañía, conjugando los intereses y necesidades de la dirección y de los empleados. Así, el personal encargado de esta tarea tiene el cometido de «gestionar las relaciones laborales de una empresa, colaborar en la implantación de las políticas y planes de empleo y desarrollar los recursos humanos definidos por la dirección», explica Luis Miguel San Emeterio, jefe de Relaciones Laborales en la zona norte de la Compañía Logística de Hidrocarburos. 

Capacidad de influencia 

Entre todos los componentes que dan vida y forma a una empresa, los trabajadores son el pilar sobre el que se sostiene la actividad y por tanto, es preciso cuidar la relación que la empresa mantiene con ellos. «Las personas somos el elemento más importante para la organización y administración de las empresas, ya que de nada serviría contar con las instalaciones, equipos, maquinaria, herramientas y demás bienes tecnológicamente y científicamente implementados, si los trabajadores no los manejan adecuada y satisfactoriamente debido a su conocimiento y capacitación. Somos los engranajes que hacen que pueda funcionar correctamente», asegura San Emeterio. Por lo tanto, es vital trabajar sobre la imagen que los empleados tienen de su empresa y conseguir que se identifiquen y «se sientan parte de ella». 

¿Cuál es la fórmula para que esta idílica situación se produzca? Las políticas de recursos humanos. 

Toda empresa, para llegar a este punto de entendimiento, que deriva en rendimiento laboral, debe diseñar y promover una serie de políticas de carácter laboral. Y aquí es donde entra el personal de relaciones laborales. Su tarea consiste en «ser capaz de transmitirlas al resto de trabajadores», afirma San Emeterio. 

Pero sus tareas van más allá, ya que también puede formar parte de su cometido la preparación de contratos, participación en procesos de selección o representación de la empresa en distintos espacios, entre otras funciones. 

Situación actual 
La diversidad de tareas que pueden realizar y el creciente interés por encontrar ese equilibrio en las relaciones hacen que la profesión pase por un buen momento. Y es que son muchos los foros en los que su especialización es altamente valorada y requerida.

 «La primera vertiente es el asesoramiento externo a empresas en materia laboral y de seguridad social», cita San Emeterio. Esto se traduce en capacidad para informar a las compañías sobre la organización de las relaciones laborales, desde el tipo de contrato más aconsejable hasta la gestión de las obligaciones de la entidad en materia de Seguridad Social. 

«La segunda vertiente -continúa- es la posibilidad de que los diplomados colegiados actúen en juicios para representar los intereses de las empresas». 

Ambas funciones son bidireccionales, es decir, las actuaciones de asesoramiento, gestión y representación también pueden ser desarrolladas para defender los intereses de los trabajadores frente a los empresarios. Además de este perfil, hay otras muchas salidas profesionales para los diplomados en Relaciones Laborales, que pueden ejercer en «departamentos de recursos humanos, administraciones públicas o como expertos en materia de salud y seguridad laboral», entre otros.

 Y diversos tipos de entidades donde se requieren sus servicios, «asesorías, sindicatos, asociaciones empresariales, mutuas y empresas privadas o públicas», concluye San Emeterio. Estamos, por tanto, ante una profesión con grandes perspectivas para el futuro, ya que tal y como evolucionan las compañías, cada vez se requieren más sus conocimientos especializados en gestión y organización de las relaciones entre empresarios y trabajadores.

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