Blog de Psicología Organizacional y Recursos Humanos.

9 de junio de 2016

Los siete pecados capitales en los que caen las empresas

El español Manel Reyes, psicólogo experto en coaching ejecutivo, revela en su más reciente libro que en las empresas de todo el mundo se comete, con frecuencia, “envenenamientos de los ambientes de trabajo que corroen el espíritu de una compañía, generando pérdidas”.

Manel Reyes, el psicólogo español experto en coaching ejecutivo, que viaja por el mundo dando talleres y conferencias, está convencido de que las empresas tienen alma y que cuando la pierden todo empieza a ir mal.
Cita el caso de dos compañías españolas, que “cuando fueron vendidas a grupos inversionistas hicieron desaparecer el ADN que habían impregnado sus fundadores y “se cargaron su alma de un plumazo”.
“Los empleados se rodearon de incertidumbre, se volvieron pasivos y perezosos, perdieron la autoestima, dejaron de cooperar y empezaron a competir; se sintieron abandonados, prescindibles y provisionales; perdieron la pasión, el entusiasmo y la creatividad.
Y como anécdota, también prescindieron de nuestros servicios”, le contó a Portafolio.
Reyes, que es socio y preside la firma MRC Internacional Training, y que asesoraba a dichas dos empresas, publicó en España ‘Los 7 pecados de una empresa’, que analiza los errores que terminan las bases que sostienen la esencia de una compañía.

¿Cuál es el pecado más frecuente en una empresa?
Se reparte entre la soberbia y la envidia. La soberbia porque limita la humildad que es lo que nos permite aparecer como seres imperfectos, y por tanto humanos.
Y la envidia, porque nos impide amar, que es lo que permite una armonía social necesaria entre personas que trabajan por un mismo objetivo.

¿Qué llevó a la actual crisis de España y de la mayor parte de la zona euro?
Estoy convencido de que es consecuencia directa de una crisis de valores y el pecado protagonista es la avaricia.
Detrás de cualquier crisis económica en la historia del mundo siempre encontraremos en origen el pecado de avaricia.
Cuando una empresa se rige por el ‘todo vale’ o ‘el éxito a cualquier precio’ significa que ha perdido la generosidad, la responsabilidad social, la empatía y el respeto. Una empresa sin esos valores, como reflejo de una sociedad que es, está enferma y morirá si no se aplica una cirugía.

¿En qué consiste?
Una empresa que ha perdido su alma ha de ser transformada desde arriba y en sentido descendente.
Y esto significa trabajar a fondo con sus líderes para dotarlos de una gran dosis de inteligencia emocional y hacerles ver que es posible un equilibrio entre la consecución de resultados y el respeto a las personas.

¿Todas las empresas cometen los 7 pecados?
Evidentemente no, sólo en las empresas grandes podemos encontrar que se cometan todos. Al final es una cuestión estadística, cuanto más personas más frialdad, más competitividad, más egoísmo y más envidias.

Su libro, ¿es una guía para cualquier empresa en este mundo globalizado?
Todo escritor sueña que su libro se convierta en un referente. Mis ideas se nutren de mi trabajo como coach en MRC International Training que es donde he aprendido lo que se. Tenemos unas creencias arraigadas sobre cómo habrían de fluir las relaciones en las empresas, recuperar el alma y hacerlas infinitamente más competitivas y lugares mucho más agradables pata trabajar.

¿Qué deben hacer los empresarios para sanear sus empresas? ¿Volver al humanismo?
Las personas podemos poner tres cosas en la vida, y por extensión en el trabajo. Hombro, corazón y cabeza.
El hombro simboliza el esfuerzo, el corazón la pasión y la cabeza el talento. Las empresas que quieran ser competitivas no se pueden conformar con personas que sólo pongan el hombro, si no que necesitan también corazones y cabezas. O lo que es lo mismo, entusiasmo e ideas.

¿Existe alguna empresa que sea ejemplo a seguir?
Seguramente hay muchas pero no me atrevo a detallar ninguna, porque no conozco la empresa perfecta.
Me contaron de Volvo en Suecia: los empleados que llegan primero parquean sus carros en los lugares más alejados de la puerta de la fábrica, pensando en que los que lleguen más tarde tendrán que recorrer menos metros caminando.
En España sería lo contrario y el que más tarde llegue, ¡que se fastidie! Pero aun así, sin menospreciar nuestra cultura, conozco a muchos empresarios que poseen valores muy humanos, accesibles, ejemplares, respetuosos y rodeados de personas que comparten esos mismos valores.


Gloria Helena Rey
Especial para Portafolio

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